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Los embarazos de adolescentes no deseados en México alcanzan tasas alarmantes

El embarazo adolescente en México se ha convertido, en las últimas décadas, en un problema alarmante. Según datos de INEGI el 18,2% de los bebés nacidos entre 2011 y 2020 nacieron de una mamá menor de 19 años. A pesar de los esfuerzos institucionales y de la sociedad organizada, México ocupa el primer lugar en embarazo adolescente entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), lo cual no solo repercute en las oportunidades económicas, sociales de las mujeres y sus hijas/os, sino que tiene otras repercusiones sociales.

La adolescencia, es una etapa compleja, en ella suceden cambios no solamente físicos, sino también emocionales. Es en esta etapa en la que se da la maduración sexual de las y los jóvenes, por lo tanto, comienza el interés de chicas y chicos por la interacción sexual, las relaciones sexo-afectivas, el placer, el deseo, etcétera.

Las y los jóvenes en México inician su vida sexual a temprana edad y sin protección

En su despertar sexual, las y los adolescentes mexicanos se encuentran con las limitantes de una sociedad plagada de estigmas y prejuicios ante la sexualidad. Al no contar con una educación sexual integral, ni en las escuelas, ni el hogar, no desarrollan las herramientas necesarias para ejercer su vida sexual con responsabilidad y la inician en condiciones de riesgo. Es decir, sin información clara y científica, con dudas y sin una cobertura adecuada de métodos contraceptivos.

Según cifras oficiales, en México las y los adolescentes comienzan su vida sexual en promedio entre los 12 y los 19 años. La gran mayoría (97%) conoce al menos un método anticonceptivo; sin embargo, más de la mitad no utilizaron ninguno en su primera relación sexual. Cifras de la Secretaría de Salud dan cuenta de que entre los adolescentes de 15 a 19 años se ubica la mayor demanda insatisfecha de métodos anticonceptivos.  Con las cifras anteriores, se comprende que al día se registren 24 nacimientos de madres menores de 14 años, según estimaciones de CONAPO.

El embarazo adolescente: un problema de salud pública

El embarazo en la adolescencia no puede ser visto como un problema individual, se trata, por el contrario, de una problemática de salud pública y social. Los embarazos a temprana edad conllevan a situaciones de vulnerabilidad que impactan en los ámbitos educativos, económicos y en las expectativas de vida de las madres, padres, hijas e hijos.

En 2020 UNFPA publicó un estudio en el cual asegura que al año se invierten 5 mil 885 millones de pesos en servicios públicos de salud para atender embarazos y partos en adolescentes. Así mismo, de acuerdo con la metodología denominada MILENA, se estima que en México los ingresos anuales de las mujeres que han tenido hijos siendo adolescentes son casi 32% menores y que el que las mujeres abandonen los estudios a causa del embarazo temprano representa una pérdida anual de 31 millones de pesos para el país.

Además de la carga económica a gran escala que representa el embarazo infantil y adolescente para el país, este suceso también afecta los ingresos de las familias y sus oportunidades laborales, educativas, sociales y recreativas.

Necesarias acciones en diversos frentes

El embarazo adolescente debe ser abordado como una problemática multifactorial, es decir, reconocer que no tiene una causa u origen único, sino que responde a condiciones socio demográficas tan diversas como el estrato socioeconómico,  los vínculos familiares y de pareja, el lugar de residencia, los servicios de salud, los roles de género, las normas culturales que rigen la sexualidad, la legislación, los medios de comunicación y muchos más.

Por lo tanto, las acciones que se generen desde el Estado o la sociedad organizada para disminuir el embarazo adolescente deberán darse en varios frentes. Por un lado, es urgente mejorar el contexto y las oportunidades que tienen las y los adolescentes. Esto significa que se reduzca la violencia, la pobreza y las desigualdades, así como crear entornos que favorezcan el desarrollo de capacidades y habilidades entre los adolescentes para ejercer sus derechos y tomar decisiones adecuadas a nivel individual y comunitario.

De igual forma, es necesario que el contexto responda a las necesidades de las y los jóvenes, que se ofrezcan oportunidades educativas, laborales y recreativas que les empoderen, que aumenten sus expectativas de crecimiento y desarrollo personal. Así mismo, deberán contar con servicios de salud y orientación adecuados a sus particularidades y con una oferta de servicios de salud sexual adecuada.

La educación sexual integral es una herramienta clave para acabar con el problema

Por otro lado, la educación sexual integral, con enfoque participativo, intercultural, de género y de Derechos Humanos, es necesaria en todos los niveles educativos de gestión pública y privada. Esta educación sexual no se debe centrar solo en la prevención de embarazos no deseados y contagio de ITS, sino que debe enfocarse en generar en las y los adolescentes el desarrollo de habilidades y aptitudes para tomar decisiones responsables y vivir una vida plena y saludable en todas sus esferas.

La educación sexual no es únicamente responsabilidad de los centros educativos, sino que deben involucrarse las familias y la sociedad en general para que sea efectiva y las y los adolescentes se sientan acompañados realmente. Así mismo, la sociedad civil debe generar estrategias para velar por el desarrollo de la salud sexual de las y los jóvenes. Educasex Academy proyecto sin ánimo de lucro,  suma esfuerzos para llevar la educación sexual integral a todos los rincones de México.